· Si esa noche hubiese habido viento, o los vigías hubiesen tenido prismáticos, el iceberg habría sido avistado con tiempo suficiente para evitar la catástrofe.
El mundo está lleno de historias interesantes, con fondo, con sustancia. Vidas extraordinarias y valiosas que, simplemente, merecen ser contadas. Cine, música, arte, personajes famosos o héroes anónimos. Siempre hay una historia que contar. Siempre hay una vida que compartir. Sígueme en twitter @PepeAAB1
miércoles, 14 de abril de 2021
La soberbia y otras causas de la tragedia del Titanic.
· Si esa noche hubiese habido viento, o los vigías hubiesen tenido prismáticos, el iceberg habría sido avistado con tiempo suficiente para evitar la catástrofe.
miércoles, 17 de marzo de 2021
Hastaloscojonitis aguda
Cuando hace unos días, el diputado Fran Carrillo soltó eso de «estoy hasta los cojones de todos nosotros», además de emular al que fuera presidente de la I República, Estanislao Figueras, reflejó con gran fidelidad el sentir (el sufrir) de millones de españoles que están también hasta los cojones de todos ellos, en general, empezando por el presidente del gobierno y su extensa corte, continuando por el resto de presidentes autonómicos, por los diputados nacionales y regionales y los dirigentes de todos los partidos, sindicatos y demás asalariados de los españoles, incluyendo, en lugar destacado, al portavoz sanitario y su peculiar sentido del humor.
A un año de
aquella fatídica fecha de marzo, en la que el cielo cayó sobre nuestras cabezas
y fuimos condenados a un cruel arresto domiciliario, sin juicio previo (y justo
un día después, casualidades de la vida, de estar todas y todos vociferando por
las calles, en grupos de miles y cientos de miles), a un año de aquel día de
mierda, digo, todos hablan –o gritan- de los estragos que la pandemia ha
provocado –y provoca- en la salud, en los negocios, en la socialización, en los
hábitos, en la vida incluso, pero pocos,
muy pocos, levantan la voz frente a uno de los efectos secundarios más devastadores
del maldito bicho: la hastaloscojonitis aguda.
Yo la padezco desde hace tiempo. Lo confieso. Y va a más. Lo sé porque me hago pruebas semanalmente y, además de dar positivo, el nivel de hastaloscojonitis se agudiza y endemiza cada vez más. Se hace fuerte en mí, la muy jodida. Y no veo ni tratamiento ni vacuna a medio plazo. Y eso la agudiza aún más, con vehemencia y hasta con regodeo.
Los síntomas de esta hastaloscojonitis aguda son claros: impotencia, incredulidad, hartazgo, indefensión, cabreo, vergüenza y una extrema falta de respeto hacia la autoridad incompetente. Esos «servidores públicos» (¡me parto!) que llevan un año, 365 días contados, toreándonos, mareándonos, engañándonos, insultándonos y matándonos mientras dedican su tiempo, su energía y nuestro dinero a su particular juego de tronos, a sus vergonzosos tejemanejes y descarados pagos de favores, a sus maniobras orquestadas en la oscuridad, a sus multicampañas de manipulación, a su politiqueo ruin, perverso y pestilente.
Hace un año
escribí, en referencia al silencio que lo envolvió todo a causa del
confinamiento: «Sólo espero, sí, que tras
este estremecedor silencio afloren las conciencias en lugar de los odios. Y que
se abran las mentes a las ideas del otro. Y que se admitan los errores, con
humildad y sinceridad, y las críticas no sean destructivas, para variar. Sólo
espero que aprendamos a valorar lo bueno que tenemos, que es mucho, en lugar de
alardear de lo malo, que además de perjudicial es estúpido. Sólo espero que
nuestra bandera común, nuestro ideario sean la generosidad, la bondad, la
tolerancia, el sentido común, la mirada limpia. Sé que es mucho esperar, siendo
como somos, y teniendo lo que tenemos dirigiendo el cotarro, pero la esperanza
es hoy un valor en alza, y hay que aprovechar el momento.»
Cuán equivocado estaba. Aquella esperanza “en alza” de las primeras semanas –de aplausos, solidaridad y resistirés- fue muy pronto aniquilada, volatilizada, desintegrada… en cuanto entró en juego la cizaña de la política. Y en cuanto nos dimos cuenta, los pobres mortales, de en qué manos estábamos. Había otras prioridades, hermanos. Y se resumían en una sola: PODER. Así, mientras ellos juegan al monopoly político, ya sin máscaras ni disimulos, los demás seguimos cumpliendo a rajatabla, como buenos ciudadanos, con las restricciones impuestas desde la más absoluta subjetividad y la peor de las incompetencias (que yo sepa, seguimos sin comité de expertos, más allá del bromista, inoperante y siempre impreciso Simón). Diecisiete subjetividades y diecisiete incompetencias, por concretar un poco más.
Esta Semana Santa, lo mismo que el minipuente de mi santo, seguiré sin poder hacer una excursión a Valsaín, Segovia, ni bañarme en mi adorado Cantábrico, aunque vaya con mascarilla, PCR negativa, duerma en mi propia casa y viaje con mis convivientes (lo que antes llamábamos familia); sí puedo, en cambio, unirme a medio millón de madrileños en el Retiro, a un millón en Navacerrada y a dos millones de terraceo por el centro. O unirme a una fiesta clandestina de dos días y dos noches con un grupo de jóvenes franceses –que sí pueden venir sin mayor problema- en un piso turístico cualquiera de la capital. También puedo ir de compras a un atestado hipermercado de Madrid, pero no pasear por un desierto encinar en Cáceres, al lado de casa de mi hermana, no vaya a ser que nos contagie un jabalí una nueva variedad del bicho y la fastidiemos ya del todo. Otra opción es Punta Cana o las Maldivas, que ahí sí puedo, pero no me llega…
En fin. Es
lo que hay. Pero no me malinterpreten. Esta endémica hastaloscojonitis aguda que padezco no la ha producido el
coronavirus de marras, ni el sobresaturado uso de la mascarilla o el gel
hidroalcohólico, ni la falta de planes familiares o sociales, ni siquiera la
nostalgia del mar, que tanto añoro y necesito. No, lo que me provoca estos
jodidísimos síntomas (recuerden: impotencia, incredulidad, hartazgo,
indefensión, cabreo, vergüenza y una extrema falta de respeto hacia la
autoridad incompetente) es ver que, mientras mueren españoles por decenas de
miles, se arruinan españoles por cientos de miles y se desesperan españoles por
millones, los políticos españoles (con
los responsables del cotarro a la cabeza) siguen pasándose a los españoles por
el forro, pendientes únicamente de sus desmesurados ombligos, de sus cuotas de
poder y de sus asuntos sucios. Y la calculadora que suma, resta, multiplica
y divide los votos, propios o ajenos, es la misma que no cuenta los muertos.
Los muertos no votan.
Pues eso.
Que estamos hasta los cojones de todos vosotros. Menos mal que los madrileños
tendremos, al menos, un leve desahogo democrático el próximo cuatro de mayo.
May the forth. O May The Force, para
los fans de Star Wars. Que la fuerza –y el sentido común- nos acompañe…
martes, 22 de diciembre de 2020
El nuevo libro de Lo Que De Verdad Importa. Dedicado a los que siempre están
Como siempre, con fotos del gran Daniel Losada Casanova y textos de un servidor. Os dejo aquí la introducción, para ir inspirando un poco...
Los que siempre están
Este 2020 estamos viviendo tiempos extraños, inciertos, inéditos. La pandemia nos ha caído encima como un gigantesco tsunami, sin previo aviso, generando miedo y desolación a su paso. Hemos sufrido una crisis sanitaria que ha paralizado todo el universo conocido. Y un terremoto social y económico está sacudiendo los cimientos del mundo globalizado y, con especial grado de intensidad, el nuestro. Sumidos en esta oscuridad incierta, hay sin embargo una luz que nos mantiene lúcidos y esperanzados. Miles de lucecitas, en realidad. Miles de pequeños destellos de esperanza que son los que nos van a sacar de este pozo en el que nos ha sumido el infame covid-19. Esos miles de destellos son nuestro faro, la llama que nos guía hacia la salida, hacia la luz. Como siempre han hecho, con esfuerzo, con sacrificio, con generosidad, con amor. Esas lucecitas son los miles de héroes que han luchado –y luchan- contra la pandemia en primera línea. Y también las empresas, fundaciones e instituciones que se están dejando la piel para ayudar a los que más lo necesitan. Lo somos también todos y cada uno de nosotros, responsables de lo que hagamos con nuestras manos, con nuestras palabras y con nuestro corazón. Pero, como siempre suele suceder –y sobre todo en los momentos peores-, la luz que brilla con más fuerza en este estado de excepción mundial es la de las familias, nuestra tabla de salvación, el regazo protector, el abrazo acogedor, el corazón entregado siempre. Nuestras familias es lo que más hemos añorado en los momentos duros del confinamiento; son las que más pérdidas han sufrido, las que más soledad y tristeza han padecido. Pero también han sido ellas las que nos ha mantenido unidos, firmes y esperanzados.
«La familia es la patria del corazón», nos dijo Giuseppe Mazzini, alma de la Unificación italiana. El escritor Michael D. O’Brien va un poco más allá en su novela La última escapada: «El precio que hay que pagar por una familia feliz es la muerte del egoísmo». Y es cierto. La familia es donde crecemos como personas, donde primero dejamos de ser yo para ser nosotros, donde aprendemos el valor de lo importante, que es darnos a los demás. La familia es refugio y guía, es historia y legado, raíces y alas; es el hombro siempre dispuesto y la mano siempre tendida; es el nido protector y el impulso necesario, el aliento –y a menudo también el alimento- de tantos sueños. La familia es el ejemplo cotidiano, silencioso, discreto… y al mismo tiempo perenne e indestructible. Y es, sobre todo, la mejor escuela de amor, en su sentido más profundo. Los que siempre están.
La familia es también el germen de la Fundación LQDVI. El legado vital que el empresario Nick Forstman dejó a sus hijos, aún pequeños cuando él murió de cáncer, y que tituló What Really Matters. Bellísimas reflexiones escritas desde el corazón acerca de la amistad, la enfermedad, la espiritualidad, el trabajo, el matrimonio, los hijos. «Bettina, Delfina y Nicholas, no podéis comprender el amor que siento cuando os miro a los ojos o escucho vuestras voces mientras jugáis. Ser vuestro padre es el mayor honor que me ha sido concedido (…) Si solo tuviera un deseo, sería que vosotros también legarais este amor. Eso es, después de todo, lo que de verdad importa.»
La familia es lo que impulsó cada paso, cada aliento de Nando Parrado en su salida imposible de esa tumba de hielo y roca a la que se vio condenado junto a sus compañeros, en mitad de los Andes. La familia es lo que salvó a Bosco Gutiérrez Cortina de caer en un pozo profundo y oscuro, sin redención, durante los 257 días de su doloroso secuestro. La familia es lo que siempre tuvo Pablo Pineda a su lado para poder caminar con seguridad en un mundo complicado y no siempre comprensivo. La familia es el motor que propulsó a María de Villota hasta lo más alto del podio, en la competición y en la vida. La familia es la fuerza que activa a diario el corazón de Marimar García Garrido para seguir dando gracias a la vida con esa alegría descomunal y contagiosa, tan suya (y tan nuestra). La familia es la esencia, el alma, la vocación heroica de madre coraje de Lucía Lantero; es la esperanza nunca perdida de Isabel Lavín de la Cavada y el amor siempre presente de Anne Dauphine Julliand; es las piernas de Irene Villa, y su sonrisa perpetua y limpia, sin rencor; es el perdón de buen hijo de Juan Pablo Escobar y el orgullo de padre de Bertín Osborne; es el lazo irrompible de Sergio y Juanma Aznárez y la fortaleza inquebrantable de Kyle Maynard. Sí, la familia es protagonista indiscutible de todas estas lecciones de vida que han pasado –y siguen pasando- por los congresos de LQDVI. Y, como podrás comprobar al pasar la página, también de las historias extraordinarias que hemos seleccionado en este libro, el cuarto volumen ya.
Historias, vidas, ejemplos que demuestran que aún tenemos remedio. Que todavía hay esperanza. Que la lucha de nuestros padres y abuelos no fue en vano. Que los valores que nos legaron siguen vivos, vigentes y activos. Historias que nos enseñan, sobre todo, a ser mejores personas. A pensar un poco más en el de al lado, o en el de abajo, o en el de lejos. Y a no olvidarnos nunca, nunca, del verdadero valor de la familia. Nuestro bien más preciado. Los que siempre están. Los que de verdad importan.
Esa
es la gran esperanza. La única esperanza quizá. La certeza de que, cuando esto
acabe –porque acabará- habremos aprendido la lección. Que dejemos de mirarnos
tanto en el espejo de nuestro egoísmo y empecemos a mirar hacia los lados,
hacia adelante, hacia abajo; sobre todo hacia abajo. Y que miremos también más hacia nuestra propia
casa, a nuestra familia, a nuestros hijos. Y que atendamos mejor a nuestros
mayores, y les cuidemos
y les visitemos y les agradezcamos y les dediquemos nuestro tiempo en vida, más
que nuestro lamento cuando ya no están. Y que cuando la desgracia
azote a otros, cerca o lejos, apelemos a la solidaridad y a la justicia y
tendamos la mano y abracemos y acojamos y comprendamos… Y también nos remanguemos y nos ensuciemos y nos
convirtamos en pequeños héroes nosotros, con mascarilla o sin
mascarilla, en lugar de quedarnos en casa aplaudiendo.
La certeza, sí, de que cuando esto acabe
saldremos más fuertes, más tolerantes, más solidarios. De que seremos mejores
personas, mejores hijos, mejores padres, mejores vecinos. Puede que solo sea un
deseo, una esperanza. Pero la esperanza es hoy un valor en alza, y hay que aprovechar el
momento. Así que, mantengamos
viva y firme la esperanza. De que salimos de esta, primero, y de que todo -lo
bueno, lo malo y lo peor- habrá servido para algo. O para
mucho. Eso es hoy lo que de verdad importa.
PS. Lo dijo Einstein: «Nada ocurre hasta que algo
comienza a moverse». Este libro que tienes en tus manos,
estas historias de valor, de solidaridad, de tolerancia, de superación, de
entrega a los demás, van a ser un magnífico empujón. Así que, adelante…
viernes, 18 de diciembre de 2020
Spielberg antes de Spielberg. Los orígenes del genio
Una vocación
que comenzó a despertar tras su primer contacto con la gran pantalla, a los 6
años. Era la Navidad de 1952 cuando su padre lo llevó a ver El mayor espectáculo del mundo, de Cecil
B. DeMille (otro ‘ser-cine’) y, aunque el pequeño Steven se esperaba un circo
de verdad, con sus animales de carne y hueso, quedó fuertemente impactado por dos
cosas: el payaso interpretado por Jimmy Stewart y el descarrilamiento del tren;
una escena que lo marcó para siempre (como podemos comprobar en su reciente producción
Super 8). Al igual que las películas
de Disney, especialmente Fantasía y
el capítulo Una Noche en el Monte Pelado: “Después de ver esa escena nunca pude mirar las montañas de la misma
manera” (como le ocurre al personaje de Richard Dreyfuss en Encuentros en la tercera fase).
Hijo de padres ausentes (ingeniero y veterano de lunes, 23 de noviembre de 2020
Viktor Frankl y Auschwitz. El hombre en busca de sentido
Viktor Frankl tuvo en sus manos librarse de sus tres terribles años en los campos de exterminio. En 1942 le concedieron un visado para continuar su prestigiosa carrera en Estados Unidos. Se preguntó qué debía hacer: sacrificar a su familia por el bien de la causa a la que había dedicado su vida, o sacrificar esta causa por el bien de sus padres. Esperando una respuesta “del cielo”, al llegar a su casa preguntó a su padre qué era aquel pedazo de mármol que había sobre la radio. “Es parte de las Tablas que contenían los Diez Mandamientos” le explicó. Tenía grabada una letra hebrea, que aparecía solamente en el Cuarto Mandamiento: Honra a tu padre y a tu madre y tú estarás en la tierra prometida. “En ese momento –recuerda Frankl- decidí permanecer en Austria y dejar que mi visado caducara”.
El joven Viktor ya había aprendido a sobrevivir al hambre y
la pobreza durante la I Guerra Mundial, cuando apenas contaba 9 años. Y durante
sus estudios de bachillerato aprendió a interesarse por la realidad del ser
humano y a cuestionar la verdad científico-organicista que proclamaba su
profesor: “la vida humana no es otra cosa que un proceso de combustión y de
oxidación”. “Si es así –lo interpeló Viktor, puesto en pie- ¿cuál es el sentido
de la vida humana?”
Esta teoría fue el resultado de sus reflexiones y
experiencias, propias y ajenas, durante sus años vividos –sobrevividos- bajo el
terror nazi. Tras la liberación del campo de Turkheim, el 27 de abril de 1945,
Frankl comenzó a buscar un sentido a su propia supervivencia, "el para qué
habré quedado vivo"; y por qué unos sobrevivieron y otros no. A finales de
ese año, a lo largo de nueve días, fue dictando “entre lágrimas” a tres
secretarias del Hospital Policlínico de Viena (donde era Jefe del Departamento
de Neurología) el testimonio de sus experiencias en los campos de
concentración, tomando como referencia docenas de papelitos que había ido
rellenado en su cautiverio. “Aquellos que tienen un porqué para vivir, pese a
la adversidad, resistirán”, nos dice Frankl. miércoles, 18 de noviembre de 2020
Leonard Cohen. Primero tomamos Manhattan, luego tomamos Oviedo... ahora tomamos el Cielo
Luego llegaron más poemas, y más intimidades autobiográficas y más
contradicciones y más depresiones y más guerras interiores y exteriores, y más amores
y odios... y más canciones míticas, eternas, que han traspasado sin apenas
rasguños la siempre espinosa frontera de las generaciones. Famous Blue Raincoat, Chelsea
Hotel, The Partisan (“una anciana nos dio refugio / nos ocultó en la
buhardilla / los soldados llegaron / ella murió sin un suspiro”), I’m Your Man, Hallelujah, Bird On The Wire
(“como un pájaro en el alambre, como un borracho en un coro de medianoche, he
intentado ser libre a mi manera”), The
Future (“he visto el futuro, hermano; es asesinato”) o First We Take Manhattan. Cohen, el poeta músico, sacó los versos de
su jaula de papel y los lanzó al cielo universal, para ser escuchados por
millones de almas en lugar de leídos solamente por unas miles. Habrá quien lo
llame canción popular; otros lo seguimos llamando poesía. Y además,
buena. Por eso fue un justo Premio Príncipe de Asturias en 2011 (y nos dejó uno de los más bellos, emotivos, honestos y agradecidos discursos que se hayan pronunciado jamás). Por eso estos días, a cuatro años de su muerte (7 de noviembre de 2016) son especialmente melancólicos. Y al tercer año resucitó... Hace justo un año lo celebrábamos con gratitud y emoción: ¡Leonard Cohen saca nuevo disco! Un gran disco, “Thanks For The Dance”. Nueve canciones que el poeta canadiense dejó grabadas unos meses antes de su muerte, con instrucciones precisas a su hijo Adam, también músico, para que realizara los arreglos y la producción.
Con la colaboración de grandes artistas y amigos de Cohen (mención especial a su incondicional Jennifer Warnes y al español Javier Mas, inseparable del poeta en sus últimos ocho años de giras), el disco es casi un poemario vital, reflexiones sobre el amor y la muerte, sobre la música, sobre la vida. Y con un especial homenaje a Lorca, su amado Lorca, en el tema “The Night Of Santiago”, inspirada en “La casada infiel” del Romancero Gitano de nuestro poeta más universal.
Fue una gran noticia, una magnífica noticia, la publicación de este álbum póstumo que no es otra cosa que la demostración de que Cohen -el maestro, el soñador, el artista, el poeta- sigue vivo, eternamente vivo. Thanks for the dance, Mr. Cohen, thanks for the songs, thanks for the poems!
jueves, 12 de noviembre de 2020
Javier Sartorius. De la raqueta a la Cruz.
Fue precisamente en Los Angeles
donde Javier comenzó a sentir una creciente inquietud por la vida espiritual,
un poco confusa al principio (llegó a pasar por el Hare Krisna). En 1989 fue
Campeón USA de pádel; el año siguiente, misionero en Cuzco con Los Siervos de
los Pobres del Tercer Mundo. Fue tal el shock espiritual que provocó la vida de
pobreza y sacrificio absolutos, que decidió entrar en el seminario, en Toledo.
Pero Javier no estaba hecho para estudiar («ni siquiera se puede copiar»,
decía) y tampoco para el sacerdocio. A él le iba más la vida contemplativa, la
oración, incluso la soledad, a pesar de su personalidad extrovertida. Un
compañero de seminario le habla entonces de la Comunidad de Lord y es allí
donde encamina su vida, dejando todo su pasado atrás. Sólo quiere encontrarse a
sí mismo. 























