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jueves, 19 de marzo de 2026

BANDA SONORA PARA EL DÍA DEL PADRE


Mucho antes -y después también- de que El Corte Inglés lo transformara en un mero intercambio de regalos, más o menos de cumplido, el Día del Padre fue un intercambio de experiencias, recuerdos, vivencias, emociones, reproches y toda suerte de choques generacionales, inmortalizados en maravillosas canciones por los más grandes padres e hijos de la música. Una banda sonora perfecta para el Día del Padre. Cada uno tendrá la suya, claro. Sólo pretendo que esta os invite a disfrutar un poco más de vuestro día. Y los que aún no seáis padres, de comprender un poco más a los vuestros.

En 1970, Cat Stevens nos dejó una de esas canciones inmortales que ha trascendido a los años y a las generaciones, Father and Son. Un homenaje a las relaciones, no siempre fáciles, entre padres e hijos, y que hoy sigue tan vigente como entonces. Ese diálogo forjado de paternalismo («Fui una vez como eres tú ahora y sé que no es fácil») y de reproche («Desde el momento en que pude hablar se me ordenó callar») es, simplemente, la vida. Con música de fondo; una banda sonora prolífica y maravillosa.

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Eric Clapton con su hijo Conor

Son muchos los artistas que han dedicado a sus padres composiciones llenas de recuerdos, añoranza, agradecimiento, rebeldía, cariño. Canciones como My Father’s Eyes, en la que Eric Clapton ve los ojos de su padre, al que no conoció, en los ojos de su hijo Conor («me he dado cuenta de que está aquí conmigo, cuando miro a los ojos de mi padre»). O la entrañable Cats in the Cradle de Harry Chapin, que nos cuenta la historia de un padre demasiado ocupado y de un hijo demasiado triste, que de mayor repite el error de su padre.

Bruce Springsteen en Independence Day quiere escapar de la oscuridad de su hogar y de la oscuridad de su pueblo y de un padre que, en el fondo, es demasiado igual a él; «así que di adiós, porque es el Día de la Independencia / todos los chicos deben huir / todos los hombres deben hacer su camino (…) nada de lo que puedas decir puede cambiar nada ahora». Al final, sin embargo, hay un lugar para la comprensión: «Papá, ahora sé las cosas que querías pero no pudiste decirme».

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El Boss con su viejo

Pero no todo son tristezas y reproches. Hay hermosos tributos como el que rinde el propio Boss a su viejo en Walk Like a Man, que recuerda cuando de niño intentaba «caminar como un hombre», siguiendo las mismas huellas que su padre dejaba en la arena. «Cada generación culpa a la anterior» canta Mike & The Mechanics en The Living Years mientras añora a su padre fallecido, pero siente su presencia en el hijo recién nacido. En la poética On Elvis Presley’s Birthday Elliott Murphy rememora esos momentos mágicos junto a su padre, atravesando en su viejo Cadillac las calles de Long Island y sus negros vecinos, aquel día de cumpleaños del ídolo paterno. Un ídolo que también tuvo padre, Vernon Presley, que en la triste Don’t Cry Daddy Elvis trata de consolar por su reciente viudedad. En cambio, para Peter Gabriel en Father Son, su padre es la seguridad, incluso entre las fieras olas, porque sabe que está siempre a su lado.

Neil Young pregunta a su hijo en la entrañable My Boy por qué crece tan rápido, por qué no se toma su tiempo para cumplir sus sueños y hacer planes; y se lamenta porque «creí que apenas habíamos empezado». Bob Dylan, padre ausente, dedicó en Forever Young los más bellos deseos y consejos a su hijo recién nacido, mientras él andaba de gira en gira: «Que Dios te bendiga y te guarde siempre, que tus deseos se hagan realidad, que construyas una escalera a las estrellas y subas cada peldaño; que crezcas para ser honesto, que crezcas para ser sincero, que siempre seas valiente y te mantengas erguido y fuerte. Que permanezcas siempre joven».

John Lennon tuvo el tiempo justo, antes de morir, de pedirle a su hijo Sean que le cogiera de la mano antes de cruzar la calle en Beautiful Boy (Darling Boy); y de rematar la dedicatoria con uno de esos sabios consejos paternos que el tiempo ha convertido en una máxima imperecedera, especialmente aplicable al padre de hoy: «La vida es aquello que te pasa mientras estás ocupado haciendo otros planes». Y Dan Fogelberg, en The Leader of the Band, rinde un emotivo y agradecido homenaje a ese padre que fue músico, educador y líder de un grupo y del que el cantante se siente un simple “legado” («gracias por la música / y tus historias de la carretera / Gracias por la libertad / cuando me llegó la hora de partir / Gracias por tu cariño/ y cuando te tocó ponerte duro / Y Papá, no creo que / te dijera “te quiero” lo suficiente»).

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Elvis y Vernon Presley

Otra bella historia nos cuenta MyFather, en la voz de Nina Simone: la promesa incumplida de un padre (navegar por el Sena) que finalmente su hija logró cumplir por él («veo el sol de París ponerse en los ojos de mi padre»). El rudo cowboy Rodney Atkins en Watching You se emociona describiendo cómo su hijo observa todo lo que hace y trata de imitarlo, porque de mayor sólo quiere ser como él. Y otro countryman, George Strait, recuerda en The Best Day aquellos días de infancia, pesca y acampada, que compartía con su padre; o los de adolescente y coches, o el mismísimo día de su boda, «no puedo creer lo que has crecido, hijo»; todos ellos fueron “el mejor día de mi vida”.

Y es que el secreto del amor de un padre, nos revela también George Strait en Love Without End, Amen, es precisamente que no acaba nunca. Ni siquiera cuando ya se ha ido. «Si vieras cuántas noches estás conmigo, cuando escribo una copla de madrugada» lo añora Alberto Cortez en Carta a mi viejo. En un día como hoy no hace falta decir mucho más. Basta con un abrazo fuerte y un «mi querido, mi viejo, mi amigo», gracias por estar ahí.

Termino con una frase que no es ninguna canción, sino un bellísimo poema de Santa Teresa de Calcuta dedicado a su padre, y a todos los que somos padres:

«Enseñarás a volar, pero no volarán tu vuelo. Enseñarás a soñar, pero no soñarán tu sueño. Enseñarás a vivir, pero no vivirán tu vida. Sin embargo… en cada vuelo, en cada vida, en cada sueño, perdurará siempre la huella del camino enseñado.»

Ese es el legado que recibimos de nuestros padres. Ese es el legado que dejamos a nuestros hijos.

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Mi vieja Jeff Crawford. Un legado paterno y un dibujo que fue el mejor regalo.

lunes, 22 de septiembre de 2025

FARM AID. EL DÍA QUE LA MÚSICA SALVÓ A LOS GRANJEROS

 


El 22 de septiembre de 1985 la Música estadounidense en pleno se abrazó a los granjeros de todo el país en un concierto para la historia. Los más insignes artistas del rock, el blues y el country se unieron, todos a una, para apoyar la causa de un sector esencial para la economía y para la vida, y que atravesaba una profunda crisis. Miles de granjeros y agricultores en bancarrota, que habían perdido sus cosechas, sus tierras y sus hogares, necesitaban desesperadamente una mano salvadora que les sacara de ese pozo de ruina e impotencia, víctimas de la situación económica y del peso de sus hipotecas.

Esa mano fue la de Willie Nelson, la de John Mellencamp y la de Neil Young, inspirados por un comentario de Bob Dylan en el concierto Live Aid, celebrado un par de meses antes («Ojalá que parte del dinero pudiese ser destinado a granjeros americanos en peligro de perder sus granjas por deudas hipotecarias»). Juntos planearon y organizaron –en solo seis semanas- el mayor concierto benéfico que había visto América hasta la fecha

Farm Aid se celebró en el Memorial Stadium de la Universidad de Illinois, en Champaign, Illinois, ante más de 80.000 afortunados espectadores y recaudó cerca de 9 millones de dólares, íntegramente destinados a las familias de los granjeros y agricultores de todo Estados Unidos, para que pudieran permanecer en sus tierras. «Las familias agrícolas son nuestra única garantía de alimentos frescos y locales, nos aseguran comida saludable y segura, protegen nuestros recursos naturales y fortalecen la economía local».

 


Más estrellas que en el cielo

Fueron 12 horas de música y reivindicaciones («They need our help!», el llamamiento de John Denver aún resuena con fuerza), con el cartel más imponente y deslumbrante de estrellas del rock, el blues y el country que haya pisado un escenario. Bob Dylan, Billy Joel, Bonnie Raitt, B.B. King, Loretta Lynn, Roy Orbison, Tom Petty, Johnny Cash, Willie Nelson, John Denver, Kris Kristofferson, Alabama, The Beach Boys, Bon Jovi,  Nitty Gritty Dirt Band, John Fogerty, Arlo Guthrie, Emmylou Harris, Don Henley, Waylon Jennings, Randy Newman, Carole King, Huey Lewis, Roy Orbison, Lou Reed, Kenny Rogers, Van Halen, Neil Young, John Mellencamp, entre otras fulgurantes estrellas de la música americana.

Sin embargo, la causa y la lucha por los granjeros no acabó con la actuación del último artista, aquel domingo de septiembre de 1985. Tras el concierto, Willie Nelson y John Mellencamp llevaron ante el mismísimo Congreso de Estados Unidos las reivindicaciones y el testimonio de varias familias granjeras sobre el estado de la agricultura en el país, y lograron que se aprobase la Ley de Crédito Agrícola en 1987, para ayudar a tantísimas familias que se veían abocadas a una posible ejecución hipotecaria.

Y aún más. Farm Aid se convirtió, desde aquel primer concierto, en una institución que trabaja para concienciar a los ciudadanos, y sobre todo a los políticos, acerca de la importancia que tiene la agricultura para el país. Y cada septiembre, puntualmente, organiza un nuevo concierto Farm Aid rebosante de estrellas de la música americana, recaudando un total de 80 millones de dólares para mantener y fortalecer ese sistema de protección a la agricultura y a las familias granjeras, que ha salvado tantos hogares y tantas tierras de la ruina desde 1985.

La organización cuenta con un fondo de emergencia para granjeros que pierden sus cosechas y pertenencias ante desastres naturales (huracanes, tornados, inundaciones, sequías). Los fondos recaudados se utilizan para pagar los gastos de los agricultores y proporcionar alimentos, ayuda legal y financiera, y asistencia psicológica.

 


Un poderoso movimiento para salvar la agricultura local

Aquel 22 de septiembre de 1985 nació un poderoso movimiento que unió a granjeros, artistas y ciudadanos comprometidos, pero sobre todo concienció -a través de los conciertos anuales y las campañas de comunicación- a millones de americanos de la importancia vital –y urgente- de cuidar a sus agricultores, de comprar sus productos frescos y saludables, de salvaguardar la economía local y de valorar su labor imprescindible e irreemplazable. Una vida dura y difícil, siempre en el filo, tambaleándose en la delgada línea que separa la supervivencia y la ruina.

Como los granjeros americanos en 1985, nuestros agricultores y ganaderos también necesitan desesperadamente nuestro apoyo, nuestra ayuda y nuestro compromiso. De ellos depende nuestra alimentación y nuestra salud. Y de nosotros depende su supervivencia. THEY NEED OUR HELP!!



sábado, 11 de enero de 2025

Don't Let the Old Man In. Una reflexión sobre la vejez, mi padre y Clint Eastwood




Hace unos años, Clint Eastwood compartía torneo de golf benéfico con su amigo el compositor y cantante de country Toby Keith. Clint le comentó que en unos días cumplía 88 años y estaba trabajando en su nueva película, The Mule, que iba a dirigir y protagonizar. Toby, admirado de la vitalidad y la energía de Clint, le preguntó qué le impulsaba a seguir trabajando. “No dejo entrar al viejo”, respondió. A Toby Keith le enamoró esta frase y le dedicó una maravillosa canción, Don't Let the Old Man In. Una bonita y emotiva balada country sobre un hombre rebelándose contra su vejez. El cantante envió a Clint Eastwood una demo de la canción y el director se rindió inmediatamente a su letra y a su melodía.

 

Don't Let the Old Man In se convirtió automáticamente en el tema principal de The Mule, que se estrenó en 2018, y también en un exitazo en las listas de country de todo el país. En septiembre de 2023 Toby Keith, que había sido diagnosticado de cáncer de estómago el año anterior, interpretó su canción en el 2023 People's Choice Country Awards, después de haber obtenido el premio Country Icon, y Don't Let the Old Man In volvió a resurgir con fuerza en las emisoras de country. El pasado 24 de febrero, Toby Keith falleció a los 64 años de edad víctima del cáncer, dejando un legado impresionante, prolífico e inmortal, en la música americana y universal.

 

Estas últimas semanas me ha golpeado con insistencia la canción de Toby Keith. Y es que el “viejo” está intentando colarse en el cuerpo y en la cabeza de mi padre desde que empezó la quimio (le diagnosticaron un linfoma en septiembre, recién cumplidos los 90). Estos días, que he estado turnando guardias con mi hermano y mis hermanas, me he dado cuenta de que, cada vez más, veo a mi abuelo (que nos dejó a los 96) en el cuerpo frágil, arrugado y tembloroso de mi padre. Un cuerpo condenado a un presente a caballo entre el miedo, el cabreo y la impotencia, con un futuro demasiado breve como para llamarlo futuro, y al que sólo le queda su pasado glorioso, cuajado de triunfos deportivos, de logros familiares y de amistades inquebrantables que se han ido quedando en el camino. Una vida mirando casi siempre hacia atrás.

 

Él, que fue subcampeón del mundo y coleccionó Grandes Premios de hípica por todo el mundo, ahora apenas puede recorrer el pasillo de su casa aferrado a su taca-taca, pasito a pasito. Él que fue campeón de España de tenis con 15 años y que jugó al pádel activamente hasta muy superados los 70, ahora apenas puede salir de la cama o vestirse sin ayuda. Él, que bailaba en las bodas de sus nietos y jugaba con sus bisnietas, que paseaba y conducía hasta hace solo tres meses, ahora apenas llega a tiempo al cuarto de baño en caso de urgencia. Él, que ha sido un brillante jugador de bridge durante décadas, un matemático ágil y de mente rápida y culta, hoy está en lucha permanente entre el hombre que fue y el que ya no es; entre la persona mayor que estaba increíble para su edad a los 89 y el viejo que quiere entrar a los 90, derribando la puerta a patadas para instalarse de manera permanente. Como un okupa indeseado e indeseable.

 

Pero, claro, derrotar por las buenas a un tipo que ha sido deportista de élite tantos años (uno de los mejores jinetes de su generación) y luego juez internacional de prestigio mundial durante otros tantos; derrotar por las buenas a un tipo que se licenció con matrícula en Derecho, que ha vivido la disciplina deportiva, el esfuerzo, el compromiso y el sacrificio desde los 16 años, que ha formado una familia unida y ejemplar que alcanza ya los 30 miembros (5 hijos, 20 nietos, 5 bisnietos) y que ha sido referente de valores y de coherencia en el deporte y en la vida para viejas y nuevas generaciones… derrotar por las buenas a un tipo así, que además cuenta con la fuerza extra de su mujer (mi madre, una santa con superpoderes), de sus cinco hijos (siempre al pie del cañón) y de sus fieles amigos y primos (los que le quedan vivos), y que cuenta con el favor especial del mismísimo Dios y de la Virgen, de los que nunca se ha separado ni un instante desde el día de su Primera Comunión, derrotar a un tipo así, digo, no es tarea fácil.

 

Así que ahí andamos todos –padre, madre, hijos, nietos, médicos, fisios, ciencia, fe y demás fuerzas activas-  atrancando la puerta con rabia para que no entre el viejo, golpeándole la cara con toda nuestra mala leche cuando asoma por la rendija a lo Jack Torrance, lanzándole maldiciones y quimioterapia y vitaminas y corticoides y todo lo que haga falta para mantenerlo ajeno y lejos, no al otro lado de la puerta, sino más allá del horizonte. Como el propio Clint Eastwood, galopando hacia la puesta de sol para no volver.

 

No, papá. No vamos a permitir que entre el viejo para quedarse. Aún te queda mucho camino que cabalgar, mucho obstáculo que saltar, mucho trofeo que conquistar. Y mucho cariño que recibir. En eso estamos.  

 

When he rides up on his horse
And you feel that cold bitter wind
Look out your window and smile
Don't let the old man in