Mostrando entradas con la etiqueta John Lennon. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta John Lennon. Mostrar todas las entradas

miércoles, 30 de enero de 2019

El origen de la leyenda Beatles


Verano de 1960. Unos muchachos de Liverpool abandonan su vida de estudiantes y viajan a Hamburgo para comenzar una carrera como músicos. Tres de ellos se llaman John, Paul y George. Allí mismo conocen a un tal Ringo. Todo comenzó en el Club Indra, hace 55 años.




Aunque en realidad, esta historia tuvo su prólogo 3 años antes, el 6 de julio de 1957, cuando John Lennon conoció a Paul MacCartney en un concierto parroquial en la iglesia Woolton de Liverpool, a ritmo de skiffle y rock’n roll, mientras las amas de casa vendían tortas y dulces caseros. Un año después se sumó George Harrison y en 1960 se bautizaron The Beatles. Había nacido una de las bandas más grandes e influyentes de la historia. Para muchos, el pilar fundamental de la música popular del siglo XX.
Cambiaron la cultura moderna, revolucionaron a la juventud de la época, inventaron la psicodelia, iniciaron el movimiento hippie, definieron el pop como estilo musical, fueron pioneros de los conciertos masivos de rock y de los vídeos musicales. Incluso llegaron a atravesar el espacio con una de sus canciones, Across the Universe, que la NASA envió hasta la mismísima Estrella Polar, a 431 años luz de su Liverpool natal (como parte de los actos conmemorativos, en 2008, del 50 aniversario del lanzamiento del Explorer I, el primer satélite estadounidense). Fueron los reyes indiscutibles de la música pop durante casi una década. Y siguen reinando 40 años después de su muerte.


Fue en agosto de 1960, en la muy liberada Hamburgo, cuando los Beatles dieron su primer concierto “oficial”. John Lennon, Paul McCartney, Pete Best, Stu Sutcliffe y George Harrison llegaron a la ciudad alemana contratados para actuar en directo. Por esa época, aún no definido su estilo, tocaban rock ’n’ roll al más puro estilo Elvis, pantalones de cuero y tupé incluidos. El primer local en el que actuaron fue el "Indra", donde había días en que tocaban hasta siete horas seguidas. Después llegaron el "Kaiserkeller" y el "Top Ten”, y luego la expulsión del país de George Harrison, denunciado por menor de edad. En los siguientes dos años, regresaron a Hamburgo en numerosas ocasiones, actuando en total más de 280 noches, 1500 horas de música en directo. Una experiencia iniciática que resultó trascendental para el grupo, como reconoce Paul McCartney: “A Hamburgo llegamos siendo unos críos y regresamos siendo unos críos maduros. Allí crecimos”.
En 1962, el batería Pete Best fue sustituido por Ringo Starr, a quien conocieron precisamente en Hamburgo, cuando tocaba junto a otra banda inglesa. La muerte de Stu Sutcliffe, conocido como “el quinto Beatle”, a causa de una hemorragia cerebral en la ciudad alemana, dejó el grupo con los cuatro componentes que convirtieron a los Fab Four en leyenda inmortal. 

Fue Brian Epstein, manager del grupo desde 1962 hasta 1967 (y también considerado “el quinto Beatle”), quien hizo prender y cuajar esa leyenda: los vistió, los modernizó y los convirtió en los Reyes del Pop. Hizo de ellos unos buenos chicos, con pinta de no haber roto un plato ni una guitarra en su vida. Una imagen a la que contribuyeron especialmente los diseñadores Pierre Cardin y, sobre todo, Douglas Millings. Fue el francés quien creó el icónico traje sin cuello de los Beatles, iniciando una moda que abarcaría toda la década de los 60 y que revolucionó los estándares masculinos de la época: simplicidad, ligereza, comodidad, líneas ajustadas, tejidos más sutiles marcaron un estilo joven, desenfadado e intelectual. Pero el diseñador británico fue quien realmente definió el estilo Beatle, añadiendo al traje ‘sin cuello’ de Cardin sus personalísimos detalles: los tres botones de nácar, el ribeteado negro que remarca los bordes, los bolsillos inclinados a la altura de las caderas, los tejidos grises… No en vano Millings ha sido siempre reconocido como el “sastre de los Beatles”, para quienes realizó más de 500 diseños, incluyendo giras y películas.  

La muerte de Epstein en verano de 1967 fue también el principio de la muerte de los Beatles, poco después de la publicación de Sgt. Peppers Lonely Hearts Club Band, su obra magna, su disco más adulto, completo y ambicioso (y considerado uno de los más importantes de la historia). A partir de entonces, la vida fácil comenzó a complicarse. El grupo dejó de serlo y afloraron las individualidades, la esencia que los mantenía unidos empezó a disolverse. Ni el pasaje a la India para conocerse a sí mismos, ni el charlatán Maharishi, ni la meditación, ni el LSD pudieron evitar lo inevitable. Luego llegó mayo del 68, y mientras el mundo estallaba a su alrededor, a la banda llegó una revolución de nombre Yoko Ono y las tensiones y los egos y las puñaladas supusieron el principio del fin de los Beatles, que pasaron del “nosotros” al “yo, yo, yo y yo”..



Aún quedaba por grabar el White Album, para muchos su obra más redonda, y con él vino Charles Manson, que asesinó a Sharon Tate y a sus invitados al ritmo de Helter Skelter (el título de la canción apareció escrito con sangre en la escena de uno de sus crímenes). Un año después, los Beatles daban fin a una década imprescindible en la historia de la música del siglo XX. Lo cantó George Harrison, con genial sensibilidad, en ese mismo epitafio blanco: “Miro al mundo y percibo que está girando / mientras mi guitarra llora suavemente. / Con cada error tal vez debamos aprender. / Mi guitarra aún llora suavemente”.


¿Quién fue realmente el ‘quinto Beatle’?

Además de Stu Sutcliffe, amigo de Lennon y bajista original del grupo desde 1959 hasta su muerte en1962; y de Brian Epstein, inventor y manager de los Beatles durante toda su época de esplendor, han existido otros ‘quintos beatles’ a lo largo de la historia: tal vez el más real fuera Billy Preston, músico de gran prestigio que los acompañó en la grabación del álbum Let it Be y el único que ha sido acreditado en una canción de los Beatles, en el sencillo Get Back. También ha entrado en esta lista de “quintos” el batería original de la banda, Pete Best. Y George Martin, productor de todos los discos de la banda excepto Let it be. Y Neil Aspinall, fallecido en 2008, que fue amigo, chófer, asistente, road manager y hasta instrumentista exótico… y, según reconoció George Martin en sus memorias, el único merecedor del título de 'quinto Beatle'.

domingo, 19 de marzo de 2017

Banda sonora para el Día del Padre

Mucho antes -y después también- de que El Corte Inglés lo transformara en un mero intercambio de regalos, más o menos de cumplido, el Día del Padre fue un intercambio de experiencias, recuerdos, vivencias, emociones, reproches y toda suerte de choques generacionales, inmortalizados en maravillosas canciones por los más grandes padres e hijos de la música. Una banda sonora perfecta para el Día del Padre. Cada uno tendrá la suya, claro. Sólo pretendo que esta os invite a disfrutar un poco más de vuestro día. Y los que aún no seáis padres, de comprender un poco más a los vuestros.

En 1970, Cat Stevens nos dejó una de esas canciones inmortales que ha trascendido a los años y a las generaciones, Father and Son. Un homenaje a las relaciones, no siempre fáciles, entre padres e hijos, y que hoy sigue tan vigente como entonces. Ese diálogo forjado de paternalismo («Fui una vez como eres tú ahora y sé que no es fácil») y de reproche («Desde el momento en que pude hablar se me ordenó callar») es, simplemente, la vida. Con música de fondo; una banda sonora prolífica y maravillosa. Son muchos los artistas que han dedicado a sus padres composiciones llenas de recuerdos, añoranza, agradecimiento, rebeldía, cariño. Canciones como My Father’s Eyes, en la que Eric Clapton ve los ojos de su padre, al que no conoció, en los ojos de su hijo Conor («me he dado cuenta de que está aquí conmigo, cuando miro a los ojos de mi padre»). O la entrañable Cats in theCradle de Harry Chapin, que nos cuenta la historia de un padre demasiado ocupado y de un hijo demasiado triste, que de mayor repite el error de su padre. Bruce Springsteen en Independence Day quiere escapar de la oscuridad de su hogar y de la oscuridad de su pueblo y de un padre que, en el fondo, es demasiado igual a él; «así que di adiós, porque es el Día de la Independencia / todos los chicos deben huir / todos los hombres deben hacer su camino (…) nada de lo que puedas decir puede cambiar nada ahora». Al final, sin embargo, hay un lugar para la comprensión: «Papá, ahora sé las cosas que querías pero no pudiste decirme».


Pero no todo son tristezas y reproches. Hay hermosos tributos como el que rinde el propio Boss a su viejo en Walk Like a Man, que recuerda cuando de niño intentaba «caminar como un hombre», siguiendo las mismas huellas que su padre dejaba en la arena. «Cada generación culpa a la anterior» canta Mike & The Mechanics en The Living Years mientras añora a su padre fallecido, pero siente su presencia en el hijo recién nacido. En la poética On Elvis Presley’s Birthday Elliott Murphy rememora esos momentos mágicos junto a su padre, atravesando en su viejo Cadillac las calles de Long Island y sus negros vecinos, aquel día de cumpleaños del ídolo paterno. Un ídolo que también tuvo padre, Vernon Presley, que en la triste Don’t Cry Daddy Elvis trata de consolar por su reciente viudedad. En cambio, para Peter Gabriel en Father Son, su padre es la seguridad, incluso entre las fieras olas, porque sabe que está siempre a su lado.

Neil Young pregunta a su hijo en la entrañable My Boy por qué crece tan rápido, por qué no se toma su tiempo para cumplir sus sueños y hacer planes; y se lamenta porque «creí que apenas habíamos empezado». Bob Dylan, padre ausente, dedicó en Forever Young los más bellos deseos y consejos a su hijo recién nacido, mientras él andaba de gira en gira: «Que Dios te bendiga y te guarde siempre, que tus deseos se hagan realidad, que construyas una escalera a las estrellas y subas cada peldaño; que crezcas para ser honesto, que crezcas para ser sincero, que siempre seas valiente y te mantengas erguido y fuerte. Que permanezcas siempre joven».     


 John Lennon tuvo el tiempo justo, antes de morir, de pedirle a su hijo Sean que le cogiera de la mano antes de cruzar la calle en Beautiful Boy (Darling Boy); y de rematar la dedicatoria con uno de esos sabios consejos paternos que el tiempo ha convertido en una máxima imperecedera, especialmente aplicable al padre de hoy: «La vida es aquello que te pasa mientras estás ocupado haciendo otros planes». Y Dan Fogelberg, en The Leader of the Band, rinde un emotivo y agradecido homenaje a ese padre que fue músico, educador y líder de un grupo y del que el cantante se siente un simple “legado” («gracias por la música / y tus historias de la carretera / Gracias por la libertad / cuando me llegó la hora de partir / Gracias por tu cariño/ y cuando te tocó ponerte duro / Y Papá, no creo que / te dijera “te quiero” lo suficiente»).
Otra bella historia nos cuenta MyFather, en la voz de Nina Simone: la promesa incumplida de un padre (navegar por el Sena) que finalmente su hija logró cumplir por él («veo el sol de París ponerse en los ojos de mi padre»). El rudo cowboy Rodney Atkins en Watching You se emociona describiendo cómo su hijo observa todo lo que hace y trata de imitarlo, porque de mayor sólo quiere ser como él. Y otro countryman, George Strait, recuerda en The Best Day aquellos días de infancia, pesca y acampada, que compartía con su padre; o los de adolescente y coches, o el mismísimo día de su boda, «no puedo creer lo que has crecido, hijo»; todos ellos fueron “el mejor día de mi vida”.

Y es que el secreto del amor de un padre, nos revela también George Strait en Love Without End, Amen, es precisamente que no acaba nunca. Ni siquiera cuando ya se ha ido. «Si vieras cuántas noches estás conmigo, cuando escribo una copla de madrugada» lo añora Alberto Cortez en Carta a mi viejo. En un día como hoy no hace falta decir mucho más. Basta con un abrazo fuerte y un «miquerido, mi viejo, mi amigo», gracias por estar ahí.