martes, 27 de octubre de 2015

¿Racionalización de horarios? ¡Sí, por favor!



Madrugada del sábado 24 al domingo 25 de marzo: cambio de hora. La polémica, un año más, está servida. Unos hablarán de ahorro de energía, otros de alargar las horas de sol, muchos negarán que se ahorre energía y tampoco les importarán esa hora extra de luz (al fin y al cabo, en verano anochece a las diez de la noche… ¿no es suficiente?). Sin embargo, el verdadero debate, el realmente importante no es si en la Península Ibérica nuestro horario de vida debería estar sincronizado con el meridiano de Greenwich, que es el que nos corresponde, sino si nuestro horario de trabajo debería estar sincronizado con nuestra vida. Y, de paso, con el sentido común.

Hablamos de reconciliación con la vida familiar. Hablamos de disfrutar un poco más de la vida. Hablamos de racionalidad. Y hablamos de productividad laboral. De optimizar las horas de trabajo. De dormir más y mejor. De trabajar menos y mejor. Y de europeizarnos un poco más. Hablamos de cambiar radicalmente la mentalidad de las empresas y las administraciones públicas: señores, de una vez por todas, MAYOR PRESENCIA NO IMPLICA MAYOR PRODUCTIVIDAD. Ni salir después del jefe significa ser más trabajador. Ni dormir menos horas conlleva mayor mérito laboral.

Lo explica con absoluta nitidez y demoledor sentido común Ignacio Buqueras, presidente de la Asociación para la Racionalización de los Horarios Españoles (ARHOE). Cuando en el resto de Europa se trabaja hasta las cinco de la tarde, seis como mucho, aquí no salimos del trabajo hasta las ocho o las nueve; entramos no mucho más tarde, pero dedicamos dos horas o más al almuerzo (tanto en oficinas como en comercios). También dormimos menos y desayunamos peor; llegamos más cansados al trabajo; las reuniones en plena digestión nos matan; seguimos presos de la cultura del presentismo (esperar a que el jefe acabe su jornada para salir escopetados); los hijos apenas nos ven entre semana; y no perdonamos el partido de fútbol o la serie de moda, que no empiezan antes de las diez o diez y media de la noche (hora a la que toda Europa está ya acostada).

¿Las consecuencias? Las bajas por estrés en España son más numerosas que las bajas por maternidad. También el fracaso escolar es más elevado porque los padres no están en casa para ayudar con los deberes. Disfrutamos menos de la familia, y también de nosotros mismos. Si queremos ocio, hay que robarle horas al sueño. Nos falta tiempo. Trabajamos demasiadas horas. Gastamos más energía. Y encima ganamos menos que nuestros homólogos europeos.

¿Y qué podemos hacer? Lo primero y urgente, un cambio radical de mentalidad. De toda la sociedad. Políticos, empresarios, comerciantes, sindicatos, medios de comunicación, televisiones, ciudadanos… TODOS.
· Debemos dar más valor al tiempo (“perder tiempo es perder vida”, afirma Buqueras). Y eso incluye la puntualidad.
· Debemos aprender a establecer prioridades: no todo es importante, no todo es urgente.
·  Debemos aplicar la conciliación con hechos, no con palabras; con normas, no con buenas intenciones. Y con ejemplo (va por los que mandan).
· Debemos sincronizar la salida del colegio con la salida del trabajo.
· Debemos distribuir racionalmente el tiempo: salir bien desayunados de casa, almorzar en media hora, no eternizar las reuniones, aprovechar las posibilidades del teletrabajo, dormir más, disfrutar más… (volver a la fórmula 8 + 8 + 8).
· En definitiva, horarios más humanos, más racionales, más europeos… y más productivos (“La productividad no es una cuestión de horas, sino simplemente de aprovechar mejor el tiempo”).


Poco a poco las empresas españolas —grandes y pequeñas—están comenzando a establecer horarios más racionales y a valorar sus consecuencias positivas. Pero sigue pesando demasiado la costumbre, lo malo conocido. Es urgente dar el paso. Cambiar de mentalidad, replantearse nuestro sistema de trabajo. Aprender de Europa. Pero ha de ser un compromiso total, de todos. Si no, seguiremos perdiendo el tiempo.


No hay comentarios:

Publicar un comentario